Imagen de cabecera: Amma con los estudiantes de Amrita Vidyalayam, nuestra red de escuelas en toda la India basada en valores.
Se trataba de una reunión de universidades de toda la India para compartir una visión de la educación que aúne el conocimiento material y espiritual. “Educación para una Bharat desarrollada: una hoja de ruta” fue organizada conjuntamente por Shiksha Sanskriti Utthan Nyas y la Universidad Amrita, y tuvo lugar en el Hospital Amrita, en Cochín, los días 27 y 28 de julio.
En un mensaje en vídeo como Rectora, profundamente inspirador, Amma compartió cómo el vínculo que une al individuo, la sociedad, la vida y la naturaleza es el dharma, los valores éticos. El renacimiento de este sistema de conocimiento universal de la antigua India tiene el poder de unir a la humanidad a través del amor, la compasión y la paz.
Extractos del discurso de Amma
Bhāratam es “aquello que se deleita en la luz”. Es decir, aquello que se deleita en la luz del conocimiento es Bhāratam. Cuando reflexionamos sobre la profundidad y la inmensidad de las diversas ciencias y disciplinas que florecieron en la antigua India, comprendemos lo apropiado que es el nombre Bhāratam para esta tierra.
No solo los sabios, sino también la gente común estaba inmersa en el conocimiento. La cultura, como el ghee que emerge de la leche batida, nace del verdadero conocimiento. La verdadera cultura es la compasión por todos los seres vivos y el sentido de unidad con toda la naturaleza. Los sabios de Bhāratam estaban inmersos en este mismo espíritu. Incluso la gente común de Bhāratam interiorizó este sentimiento en sus corazones.
La India es la tierra de los sabios. Fueron ellos quienes nos transmitieron los valores eternos del Sanātana Dharma, que es el bienestar y el mayor bien para el mundo entero. Las características distintivas de esta antigua cultura son la visión más elevada de la verdad y una compasión ilimitada que fluye hacia todos los seres vivos. Toda la creación está impregnada de una conciencia divina. De esta visión de unidad es de donde surge la verdadera compasión por todos los seres.
Conocimiento antiguo para tiempos modernos
Dado que todos los seres son expresiones diversas de la única verdad divina, la cultura de la India nos ha enseñado a honrar, venerar y servir incluso a las formas de vida más pequeñas. Si la mano izquierda sufre dolor, la mano derecha la alivia suavemente, porque ambas forman parte del mismo cuerpo. El dolor de una es el dolor de la otra; el bienestar de una es el bienestar de la otra. Así, este conocimiento antiguo nos enseña a ver el sufrimiento de los demás como nuestro propio sufrimiento y su alegría como nuestra propia alegría.
Este es el objetivo último tanto del conocimiento como de la educación. Por ejemplo, aunque el sol se refleje en cien vasijas de agua, sigue siendo un solo sol. Del mismo modo, el ātmā que lo impregna todo es esencialmente uno.
Según el Sanātana Dharma, la creación y el Creador son uno, no están separados. El oro existe dentro de los adornos de oro, y los adornos de oro existen dentro del oro. Si vemos la conciencia divina única en todo, intentamos amar y servir a los demás desinteresadamente. Este es el principio fundamental que nos enseñaron nuestros antiguos ṛiṣis.
En épocas anteriores, nuestras escuelas estaban profundamente arraigadas en los valores. Aun cuando esa base se fue desvaneciendo gradualmente, esos valores continuaron transmitiéndose en el hogar, a través de los padres y los abuelos. Pero incluso esa fuente ha ido disminuyendo constantemente.



Mostrar gratitud a la Madre Tierra
Aquí recuerdo a mi madre. Cada mañana, nada más despertarse, se postraba tres veces ante la tierra. Nuestra madre biológica puede llevarnos en su regazo durante unos años, pero la Madre Tierra nos lleva en su regazo toda nuestra vida, dándonos todos sus abundantes recursos.
Postrarnos ante ella tres veces cada mañana, es una forma de expresar nuestra profunda gratitud por su constante y desinteresada generosidad. Somos nosotros quienes cosechamos los beneficios cuando mostramos esa gratitud. Después de dormir ocho horas por la noche, el flujo sanguíneo al cerebro debe regularse. Inclinarnos con respeto ante la Tierra lo facilita. Este pequeño gesto de gratitud no beneficia a la Tierra en modo alguno, pero su práctica nos beneficia a nosotros. A través de esa actitud, somos nosotros los que ganamos fuerza.
Después de inclinarse ante la Tierra, Damayanti Amma ofrecía oraciones al Sol, otro acto de gratitud que nos beneficia. El Sol proporciona a nuestro cuerpo vitamina D, que fortalece nuestros músculos y huesos e incluso favorece la memoria. Los países con poca luz solar suelen registrar tasas más altas de depresión y suicidio. Así que, al tiempo que expresamos nuestra gratitud, también recibimos a cambio beneficios físicos y mentales tangibles.
Desde mi infancia, mi madre me enseñó que el río era una encarnación de Devi, por lo que nunca debíamos orinar ni escupir el él. Cada vez que Amma se bañaba, el agua fría le daba gana de orinar, pero a las lecciones de mi madre integradas en nosotros desde la infancia, podía controlarla. Así aprendió Amma estas tres lecciones.
1. Lo que das es lo que recibes.
2. No es el río el que se beneficia, sino nosotros, que nos bañamos en él a diario.
3. Si tenemos los valores correctos, podemos controlarnos en cualquier situación adversa.
Un mundo que necesita autocontrol
Vivir en el mundo actual es como estar en medio de un supermercado gigantesco, rodeados por incontables tentaciones. Es muy difícil no salivar cuando pones azúcar en la lengua. Así, nos hemos convertido en esclavos de nuestros pensamientos y emociones. Delitos como la violación están aumentando entre los jóvenes. Esto se debe principalmente a la falta de valores.
Tomemos como ejemplo los teléfonos móviles. Tienen aspectos positivos y negativos. Cuando una mente inmadura se expone a contenidos inapropiados, se desencadenan sus instintos y emociones más básicos. Si carecen de una base moral sólida, se vuelven incapaces de controlarse. Ni siquiera tienen en cuenta a quienes los rodean.
Al perder la conciencia y el autocontrol, caen en un estado en el que agreden y violan. En esos momentos, se pierde toda compasión. Sin embargo, aquellos a quienes se les inculca la moral desde pequeños serán capaces de ejercer el autocontrol.
Esto es lo que aprendí de la enseñanza de mi madre de no orinar en el río. El respeto que mostramos al río no es por el bien del río, sino por el nuestro. El respeto que mostramos al sol no es por el bien del sol, sino por el nuestro. El respeto que mostramos a la tierra no es por el bien de la tierra, sino por el nuestro. El respeto que mostramos a los árboles no es por el bien de los árboles, sino por el nuestro. Al mismo tiempo, ese respeto también sustenta todo lo creado.

Amma otorga becas a los niños que han quedado huérfanos tras los suicidios de agricultores y los desastres naturales.
Educación para erradicar dos tipos de pobreza
En el mundo actual, las universidades se multiplican y la matriculación de estudiantes aumenta constantemente. Se publican millones de libros sobre una amplia gama de temas, y las nuevas investigaciones descubren constantemente nuevos conocimientos. En el esfuerzo por empoderar a las mujeres, también se están ampliando las oportunidades educativas para ellas. Sin duda, todo esto refleja signos de progreso en nuestra sociedad.
Pero, si bien por un lado somos testigos de logros tan notables, por otro lado se produce un fuerte aumento del estrés mental y la depresión clínica. Los conflictos y los disturbios están aumentando en la sociedad. Los divorcios están aumentando. Las relaciones matrimoniales no se basan en el amor. Los cónyuges solo piensan en sus propios intereses egoístas. Si no entendemos el lenguaje del corazón, no habrá comunicación y sucederán cosas así. Así es como se rompen las relaciones familiares.
De todo esto se desprende una cosa clara: en algún momento del camino, hemos cometido un error. Al igual que una flor y su fragancia, una palabra y su significado, y una lámpara y su luz, también el jñānam y el viveka —el conocimiento y el discernimiento— deben ir de la mano. Hoy en día, aunque el conocimiento ha aumentado, parece como si, aunque haya salido el sol, la oscuridad permaneciera.
Hay dos tipos de pobreza en este mundo: Una es la falta de comida, ropa y refugio; la otra es la falta de amor y compasión. Pero si tenemos amor y compasión, entonces la pobreza de comida, ropa y refugio se eliminará naturalmente. Estos son los valores dhármicos que defienden Amma y el Sanātana Dharma. Esto es lo que debemos esforzarnos por revivir. Por eso Amma creó instituciones educativas.
Aprender viviendo en 2200 aldeas empobrecidas de la India
Nuestros jóvenes se están alejando cada vez más de los valores dhármicos. Su mentalidad se ha convertido en un de constante tomar, tomar y tomar. Para abordar esto, Amma inició un proyecto llamado Live-in-Labs, que ha tenido un impacto en 2200 aldeas.
Como parte de este proyecto, llevamos estudiantes universitarios a comunidades rurales. Allí, son testigos de la realidad de la vida rural y tienen la oportunidad de interactuar activamente con los aldeanos. Amma cree que si, gracias a este proyecto, solo el cinco por ciento de los estudiantes experimentan un cambio de mentalidad, la sociedad se beneficiará enormemente. Si un solo estudiante puede llevar consuelo a una sola vida, aunque sea por un solo momento, eso por sí solo sería una profunda bendición.
Todo en la creación tiene un ritmo, una relación innegable entre el universo entero y cada criatura viviente que lo habita. El universo es como una vasta red interconectada. Supongamos que hay una red. Si se agita en un lugar, la vibración se sentirá en todo el conjunto.
Del mismo modo, seamos conscientes de ello o no, todas nuestras acciones, ya sean individuales o colectivas, repercuten en toda la creación. No somos islas individuales, sino eslabones de una cadena común. Si esperamos a que los demás cambien, nunca sucederá nada. Debemos intentar cambiar primero nosotros. Entonces los demás seguirán nuestro ejemplo.
El vínculo que une al individuo, la sociedad, la vida y la naturaleza son los valores espirituales. Estos valores deben incluirse en nuestra educación. En el antiguo sistema educativo indio, la espiritualidad y las ciencias materiales no estaban separadas. El conocimiento y los valores se consideraban inseparables, como una semilla de sésamo y su aceite.

Estudiantes de más de treinta universidades internacionales participan en los Live-in-Labs de Amrita para encontrar soluciones para el desarrollo sostenible.
Despertar la verdad interior
La espiritualidad es la ciencia de la mente. Un nadador experto disfrutará de las olas del mar; otros se ahogarán. La espiritualidad nos enseña cómo afrontar los retos de la vida.
Hay dos tipos de educación: una para la vida y otra para ganarse el sustento. Los estudiantes estudian para convertirse en médicos, ingenieros o para dedicarse a alguna otra profesión. Todo ello con el fin de ganarse la vida. El segundo tipo de educación es para la vida misma. A esta se le debe dar la máxima prioridad.
Esta educación es la que nos proporciona una comprensión profunda de la naturaleza del mundo y sus objetos. Nos enseña a reconocer nuestras emociones y a gestionarlas. Nos permite ver las cosas en su lugar adecuado y actuar en consecuencia.
La educación debe despertar en las personas la conciencia de su profunda e inseparable conexión con su nación, el mundo, sus semejantes, la naturaleza, todos los seres vivos y Dios. Lecciones de amor y amistad, ayuda mutua y cooperación, disciplina y dedicación al deber, obediencia, humildad, perdón… ¡Cuántas lecciones tan valiosas podemos aprender de la educación!
No solo se puede aprender de los profesores. Se puede aprender de los compañeros, de la naturaleza y de las experiencias. Este aprendizaje debe continuar a lo largo de toda nuestra vida. Nuestra educación solo se completa cuando aprendemos a vivir en amor y armonía con todos los seres vivos. Por lo tanto, junto con la “educación para la subsistencia”, también debemos dar importancia a la “educación para la vida”.
En la búsqueda del conocimiento, no debemos descartar nada como “verdadero” o “falso”. Debemos buscar el conocimiento libre de prejuicios y profundizar en él.
Una revolución de amor
La meditación y la espiritualidad son componentes esenciales de la vida. Si queremos alcanzar claridad y precisión en el pensamiento y la acción, es necesario tener una mente meditativa y una comprensión espiritual. Cuando los pensamientos se reducen, la mente se vuelve más aguda y poderosa, sintonizándose más estrechamente con el universo. Es entonces cuando comenzamos a percibir las dimensiones invisibles del conocimiento. Esa mente se convierte en un espejo en el que podemos vernos claramente a nosotros mismos.
Si aprendemos a ver el mundo a través de los ojos de la sabiduría y ofrecemos consuelo a los que sufren con manos compasivas, sin duda alcanzaremos la orilla de la paz y la alegría. Unamos las corrientes de sabiduría material y espiritual de todo el mundo en un gran río. Dejemos que este río ofrezca el agua de la vida a la raza humana y cree exuberantes jardines de buena cultura.
Cualquier revolución, independientemente de su forma o de quién la lidere, debe luchar por una transformación constructiva y basada en el dharma. Servir al pueblo sin prejuicios: ese es el verdadero objetivo de cualquier revolución. Si ese es realmente el objetivo, solo hay un camino a seguir: debemos iniciar una revolución de amor. Esa es la única revolución real. Solo el poder del amor puede crear una verdadera revolución.
Esta revolución debe producirse primero en la mente individual. A partir de ahí, debe extenderse al hogar y a la sociedad. El resto sucederá de forma espontánea. Si se logra, nuestros sueños de una sociedad noble se cumplirán de manera significativa.
La IA para el bien del mundo
No hay nada malo en incorporar la inteligencia artificial a nuestro plan de estudios. Sin embargo, es posible que pueda obstaculizar el desarrollo intelectual de algunas personas. Por ejemplo, si comparamos a los estudiantes que aprendieron matemáticas en épocas anteriores con los que lo hicieron utilizando calculadoras, a menudo encontramos que la generación anterior es más rápida en resolver problemas que los estudiantes de hoy en día que utilizan calculadoras. Esto se debe a que ellos habían utilizado las habilidades que había en su interior.
Cuando éramos niños, si cometíamos un error ortográfico, nos pedían que escribiéramos la palabra cien veces. Repetirlo tantas veces ayudaba a grabarlo firmemente en nuestra mente. Esta práctica no solo mejoraba nuestra memoria, también fomentaba nuestras capacidades y favorecía nuestro desarrollo mental.
Si dos sistemas de IA conversaran, tras unos cuantos intercambios probablemente se produciría un silencio. Algunas experiencias trascienden el ámbito del lenguaje. Por ejemplo, si alguien ingiere veneno, ¿puede decir con precisión qué veneno era? ¿Alguien puede describir realmente el sabor del azúcar?
Cada vez estamos más esclavizados por los objetos y las máquinas. A medida que crece esta dependencia, algunas de nuestras habilidades naturales pueden desvanecerse. Dejemos que la IA progrese y prospere, pero si otras áreas de investigación y desarrollo no avanzan al mismo ritmo, podríamos encontrarnos en terreno peligroso. Esto no significa que debamos frenarnos. Cuando la sociedad avanza, debemos avanzar con ella. Pero existe un margen de peligro.
Nada es imposible
Para llevar a cabo cualquier acción se requieren tres factores esenciales: tiempo, esfuerzo y gracia divina. Por ejemplo, imaginemos que debemos recorrer una larga distancia para asistir a una importante subasta. Nos levantamos temprano, nos preparamos y nos dirigimos al aeropuerto. En el camino, el coche puede averiarse, lo que provocaría un retraso que descarrilaría todo el plan.
Pero supongamos que todo va bien y llegamos al aeropuerto a tiempo. Aun así, podemos descubrir que el vuelo ha sido cancelado debido a un problema técnico o a las malas condiciones meteorológicas, y nos perdemos la subasta.
En estas situaciones, hicimos un esfuerzo sincero en el momento adecuado, pero sin la gracia divina, el éxito siguió siendo esquivo. Por lo tanto, la gracia divina es lo que, en última instancia, hace que una acción sea fructífera. Para ganarnos esa gracia, debemos llevar una vida llena de acciones nobles. La base para recibir la gracia divina es la gratitud hacia todo.
El esfuerzo humano al igual que la fuerza humana tienen sus limitaciones. Pero dondequiera que haya manos dispuestas a esforzarse y haya una oración sincera, el poder infinito del universo acude en ayuda. Entonces nada será imposible. Que ese esfuerzo surja de entre nosotros. Que la gracia divina de ese poder universal nos bendiga a todos.
॥ ॐ लोकाः समस्ताः सुखिनो भवन्तु ॥
Om Lokah Samasthah Sukhino Bhavantu
Que todos los seres en todas partes sean felices y vivan en Paz.