Nada es insignificante

Podemos lograr grandes cosas prestando atención a los pequeños asuntos.
Es la atención y el discernimiento que mostramos en cuestiones aparentemente insignificantes lo que nos acerca a Dios.

Hijos, nada en este universo es insignificante. Todo tiene su lugar y su importancia. La mayoría de los problemas de la vida reside en no ver esta verdad.

La negligencia en los pequeños detalles conduce a grandes pérdidas. Si un pequeño tornillo se afloja, el avión funcionará mal y la vida de los pasajeros correrá peligro. Por lo tanto, no podemos considerar que algo sea insignificante

El hecho de que el problema sea pequeño no significa que no sea importante. Si le prestamos la debida atención, podremos evitar peligros mayores. La atención y la paciencia que dedicamos a las pequeñas cosas es lo que nos lleva a grandes éxitos.

Había una vez un médico. Tanto la edad como la experiencia le habían dotado de madurez. Un día, un médico joven le llamó agitado y le dijo: “Señor, han traído a un paciente que al parecer se ha tragado una pequeña bola. Se le ha atascado en la garganta. Está jadeando y a punto de morir. No sé qué hacer. ¡Por favor, dígame cómo puedo salvar al paciente!”.

Tras unos momentos de silencio, el médico veterano dijo: “Coge una pluma y empieza a hacerle cosquillas”.

Unos minutos más tarde, el médico joven volvió y dijo emocionado: “Señor, cuando le hice cosquillas, el paciente se echó a reír y la bola salió expulsada. ¡Ha sido un auténtico milagro! ¿De dónde ha sacado ese conocimiento?”.

El médico veterano respondió: “Cuando me enteré del estado del paciente, se me ocurrió esta idea, eso es todo”.

Al igual que una pluma aparentemente pequeña e insignificante puede salvar la vida de un hombre, nosotros podemos lograr grandes cosas prestando atención a los pequeños detalles.

La atención y el discernimiento que mostramos en asuntos aparentemente insignificantes es lo que nos acerca más a Dios. En nuestras manos solo tenemos el momento presente. Intentemos utilizarlo para ser proactivos, realizando acciones que provoquen una transformación positiva.

Tomemos la decisión de no malgastar dinero en gastos extravagantes. Ese dinero puede utilizase para ayudar a niños enfermos, y eso si puede significar mucho. Por supuesto, en última instancia, la muerte es inevitable. Puede que no podamos salvar a todo el mundo. Pero, si nuestra ayuda puede prolongar la vida de uno solo de esos niños, ello significará mucho para sus padres.

Participar en acciones tan compasivas es verdaderamente vivir las verdades expresadas en las afirmaciones upanishádicas que proclaman nuestra unidad con Dios: tat tvam asi y aham brahmasmi, “Tú eres eso” y “Yo soy Brahman”.

Por ejemplo, cuando metemos un dedo en un ojo, nunca castigamos al dedo. Al contrario, utilizamos el mismo dedo para frotarnos el ojo. Esto se debe a que sabemos que tanto el dedo como el ojo son parte de nuestro propio cuerpo.

Del mismo modo, cuando vemos a los demás como nuestro verdadero yo, la compasión surge espontáneamente. Al igual que perdonamos nuestros propios errores, seamos capaces de perdonar y olvidar también los errores ajenos.

Intentemos trascender cualquier sentimiento de ira que tengamos hacia aquellos que nos han hecho daño. Intentemos escribir mensajes amables a aquellos que están enfadados con nosotros. Puede que los proporcione algo de felicidad y los ayude a superar su ira.

La atención a las cosas externas conduce a la alerta interior que necesitamos para tener éxito, tanto en la vida espiritual como en la mundana. Por lo tanto, prestemos atención a todo.