Escuchar pacientemente a los demás, estar dispuesto a comprender a otras personas, ser lo suficientemente abierto como para aceptar incluso a aquellos que no están de acuerdo con nosotros: todas estas son señales de una verdadera cultura. Lo que el mundo necesita hoy en día es una cultura así.
Mata Amritanandamayi, 26 de octubre de 2025
Hijos, todos queremos que los demás se comporten con amor y paciencia hacia nosotros. Si sentimos que su comportamiento no es así, no dudaremos en criticarlos, regañarlos y juzgarlos con dureza. Pero muchos de nosotros olvidamos que los demás también esperan de nosotros un comportamiento digno y ejemplar.
Si nos vemos atrapados en un atasco, tocaremos el claxon continuamente para que el coche que tenemos delante avance. Maldeciremos al conductor, como si él fuera el causante del atasco. Al mismo tiempo, le diremos al conductor que viene detrás: «Oye, ¿por qué estás tan impaciente? ¿No ves el atasco? Ten paciencia, por favor».
La vida es un campo de entrenamiento para mejorar como personas. Cuando vemos a alguien haciendo algo malo, debemos aprender a no cometer el mismo error. Del mismo modo, cuando vemos a alguien haciendo algo bueno, debemos aspirar a comportarnos como esa persona y esforzarnos por hacer el bien. Cultivar estas actitudes nos ayudará a mejorar y crecer.
La mayoría de nosotros no estamos preparados para ser sinceros, pero nunca podemos perdonar la falta de honestidad en los demás. Un ladrón amenaza con un cuchillo al dueño de una casa y le dice: «¿Dónde guardas el oro, las joyas y el dinero? ¡Dime la verdad o te mataré!». Incluso un ladrón espera que los demás le digan la verdad.
Una vez, un hombre le dijo a un trabajador social: «Quiero ser trabajador social como usted». El trabajador social le respondió: «No es tan fácil. Tendrás que hacer muchos sacrificios. Debes estar dispuesto a dar lo que es tuyo a los pobres».
«Estoy dispuesto a hacer cualquier sacrificio».
«Si tienes dos coches, debes estar dispuesto a donar uno».
«¿Por qué no? ¡Por supuesto!».
«Si tienes dos casas, debes regalar una».
«Claro».
«Si tienes dos vacas, debes regalar una a alguien que no tenga ganado».
«¡Oh! No puedo hacer eso».
«¿Por qué no? No has dudado en regalar un coche y una casa. ¿Por qué dudas en regalar tu vaca?».
«Porque no tengo dos coches ni dos casas, pero sí tengo dos vacas».
No hay espacio para el idealismo en una mente egoísta. El idealismo se refleja en cada pensamiento, palabra y acción de quien ha logrado vencer el egoísmo. Más que cualquier sermón, es nuestra práctica del ideal lo que ayudará a otros a asimilarlo.
Estos tiempos modernos se caracterizan por una pobreza de amor. Se supone que el amor y la compasión son nuestra mayor riqueza, pero hoy los hemos perdido. Sin mojar nuestros corazones con las lágrimas del amor, no hay esperanza para nosotros ni para el mundo.
Normalmente, la vida humana está llena de dolor. En medio de todo este dolor, soñamos con un futuro lleno de felicidad. No es un simple sueño. Hubo tiempos así, tiempos en los que la gente vivía en el amor, la armonía y la unidad. Era una época en la que nadie mentía ni engañaba a nadie. Era una época en la que un rey gobernaba con un único objetivo: el bienestar de su pueblo.
Escuchar con paciencia a los demás, estar dispuesto a comprender a otras personas, ser lo suficientemente abierto como para aceptar incluso a aquellos que no están de acuerdo con nosotros: todas estas son señales de una verdadera cultura. Lo que el mundo necesita hoy en día es una cultura así. Rezamos con nostalgia por el regreso de esos tiempos.