Programa gratuito de cirugía de cataratas en Honduras para poblaciones rurales

Su nombre era Kevin, tenía tres años y ya estaba ciego debido a cataratas congénitas bilaterales. Pero un día después de su operación en el sur de Honduras, él reía y jugaba. Inmediatamente corrió tras un balón, en el mismo momento que descubrieron sus ojos.

Fue uno de esos momentos adorables que tuvo lugar durante nuestro primer campamento de cirugía de cataratas lejos del África subsahariana.  En colaboración con la ONG española Visió Sense Fronteres (Vision Without Borders) – Visión sin fronteras, nuestros voluntarios realizaron 251 operacionesen el Hospital Valle de San Lorenzo. Más dos niños de 10 y 11 años.

“Cuando Kevin llegó con su familia no podía hacer nada solo. Solo tenía percepción de luz” nos dijo la Dra. Isabel Signes, una de nuestras optometristas voluntarias.  “Cuando tras la operación él empezó a coger cosas y a correr, su madre exclamó: “¡Por fin, Dios mío!”

 Kevin de tres años  podía ver por primera vez.

Nuestros voluntarios fueron invitados por el Club Rotario de Choluteca para realizar las operaciones. Isabel sabía que era una región empobrecida pero no imaginaba que sería tan difícil como lo que habían visto en África. Se quedó sorprendida.

“La gravedad de las cataratas a las que nos enfrentábamos era realmente alta.  Tuvimos que realizar la cirugía más invasiva en la mayoría de los pacientes.  Las estadísticas de Naciones Unidas advierten que casi el 60%  de la población vive en la pobreza y los servicios sanitarios son escasos”.

“Solo hay un hospital público en la capital y en el resto del país hay que pagar.  Y los precios, -no podía creerlo- son los mismos que en Europa. 1.500,- euros por la operación de cada ojo.”

Los voluntarios locales  vieron 870 pacientes y seleccionaron 250 para operar, antes de la llegada de nuestro equipo desde España, compuesto por tres oftalmólogos,  dos enfermeras, tres optometristas y un médico que dirigieron el campamento desde el 25 de enero al 2 de febrero. 

El esfuerzo quirúrgico fue intenso, con horarios de trabajo desde las 7.30 am hasta las 8 pm. La mayoría de los pacientes solo percibían luz antes de la operación. Una significativa prevalencia de diabéticos añadió dificultades.

Al término del campamento llegó inesperadamente José Marcelino, un hombre de 47 años  que llevaba ciego año y medio  debido a una diabetes severa incontrolada. Con el ojo derecho podía ver movimientos de la mano y con el izquierdo solo una mínima percepción de luz.

“Normalmente operamos un ojo y al día siguiente  el segundo. Pero era el último día y su estado era muy extremo. El oftalmólogo dijo:  “Operamos ambos”, -dijo Isabel.

“Entre las operaciones  destapamos brevemente el primer ojo y José inmediatamente exclamó: ¡Doctor, puedo ver! ¡Puedo ver! A la mañana siguiente su visión de larga distancia era del 60 % y podía leer.

 “Su hermana estaba muy feliz, porque él era una carga para ella. Tenía que hacerle todo, incluso ayudarle a vestirse y a comer. Ahora él trabaja de nuevo y gana el sustento de su familia”.

En una decisión  excepcional, los médicos operaron a Marcelino de los dos ojos el mismo día.

Otro hito fue que una estudiante del master del programa de optometría y óptica de la Universidad de Valencia participó por primera vez. Con Isabel como mentora, Ana Perea dirigió los exámenes preoperatorios del paciente, contribuyó a realizar los cálculos para las lentes intraoculares y asistió en vivo a las intervenciones.

“Estoy muy agradecida  por la oportunidad de estar con los pacientes.  Son personas que viven en condiciones de pobreza extrema. Recopilé datos y voy a hacer mi tesis para el master  sobre este proyecto. Más allá de eso,  espero de verdad poder continuar en estos campamentos de cirugía de cataratas en el futuro”, -dijo Ana.

 Para Isabel, fue una expresión más de la compasión de Amma mediante sus iniciativas  humanitarias  sobre el terreno.

“Ana es un hermoso ejemplo de nuestros jóvenes que dan testimonio de las condiciones en que viven estas personas.  Una semilla de servicio altruista brota en sus corazones y ese amor continuará fluyendo en otros.”

Dentro de las 24 horas de la operación, los pacientes mostraban córneas limpias, un signo de recuperación rápida. Algunas cirugías eran particularmente complejas debido al largo periodo de ceguera de muchos pacientes, pero en general los resultados  fueron altamente satisfactorios.

El personal local del hospital proporcionó una excelente ayuda durante la campaña. El equipo español contó con el soporte de logística y asistencia en quirófano de enfermeras y auxiliares hondureñas.

El seguimiento post operatorio inmediato estará a cargo de un equipo local de optometristas  de una región al norte del país. En tres meses enviaremos dos optometristas para evaluar el progreso de los pacientes, recopilar datos sobre su mejoría y aportar gafas  que optimicen su visión.

Isabel nos dice que hubo un elemento memorable en la experiencia de Honduras. El equipo podía comunicarse con los pacientes porque compartían la misma lengua. 

“Podíamos decir en español, “mira aquí”, “no te preocupes” “abre tu ojo”. Eso era diferente a África, lo que nos facilitó mucho las cosas y ayudó a los pacientes a entender los resultados”, -dijo una sonriente Isabel.

El equipo español estuvo compuesto por los oftalmólogos Dr. Jaime Javaloy, Sr. José Ignacio Valls y la Dra. Clara Martín; optometristas, Dra. María Isabel Signes, Sr. Rafael Sirvent y Sra. Ana Perea; enfermeras, Sras. Marta Fernández y Elvira Rodríguez;  y el Dr. Luis Santos.