En esta era de distracciones, los jóvenes deben tener la fuerza para servir al mundo con amor desinteresado.
Mata Amritanandamayi, 15 Febrero 2026
Hijos, la adicción a las drogas es uno de los mayores peligros a los que se enfrentan los jóvenes de hoy en día. Los padres envían a sus hijos a la escuela con la esperanza de que tengan éxito en la vida. Pero los niños pueden caer en malas compañías y convertirse en esclavos de malos hábitos. En lugar de convertirse en un apoyo para sus padres y en un orgullo para la nación, los jóvenes se destruyen a sí mismos y hacen daño a los demás.
En un pueblo vivía un niño que solía estudiar mucho. No tenía malos hábitos y nunca gastaba dinero innecesariamente. Si sus padres le daban dinero para gastos personales, él se lo daba a los estudiantes pobres para que pudieran pagar sus cuotas escolares, o les compraba libros de texto y uniformes escolares. Todos lo admiraban.
Un día, unos compañeros de clase lo llevaron a la fuerza al cine. De regreso, comenzaron a fumar y le ofrecieron un cigarrillo. Cuando él se negó, le pidieron que probara fumar solo una vez. Después de que fumó un cigarrillo, lo animaron a fumar de nuevo. Él pensó que no había nada de malo en fumar uno o dos cigarrillos.
En otra ocasión, ante su insistencia, bebió un poco de cerveza. Pronto, fumar, beber y consumir drogas se convirtió en un hábito. Empezó a pedir dinero a sus padres para pagar estos hábitos.
El mismo niño que solía tocar con reverencia los pies de sus padres cada mañana antes de ir al colegio perdió todo el respeto por ellos. Empezó a pelearse con ellos por dinero. Pero por mucho dinero que recibiera, nunca era suficiente. Al final, empezó a robar.
Una vez, cuando estaba drogado, atacó a un hombre que murió en la pelea. El chico fue condenado y enviado a prisión. El que antes había sido el favorito de los aldeanos, los profesores y los compañeros de clase, se convirtió en un ladrón, un matón y una amenaza para la sociedad, y empezó a ser detestado.
Sin embargo, de los millones y miles de millones que se gastan, si tan solo una pequeña parte se destinara a formar voluntarios para vigilar el consumo de drogas ilegales y difundir valores morales entre los jóvenes, esto podría realmente traer paz y estabilidad a la sociedad.
Más jóvenes deberían tener la fuerza para servir al mundo, estar llenos de amor desinteresado, crecer en sus vidas y difundir la fragancia del amor y la luz. Que el amor y la compasión crezcan en sus corazones. Si despiertan a una edad muy temprana, será una gran bendición para el mundo.