Seguidamente se inició una marcha de cinco km en la que todos los participantes fueron hermanando. Así se propició una entrada suave y respetuosa en el monte donde tuvo lugar la la plantación. Todos se afanaron en la plantación de las encinitas y los pinitos, especialmente los niños, muchos tuvieron que regresar en coche por el cansancio. Los mayores disfrutaron de un regreso suave, alegre, sin prisas y con la paz que emana de estar en armonía con la naturaleza.
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