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Dios se oculta en el interior

 Es cierto que nuestra verdadera naturaleza es divina, pero Él se oculta de nosotros a causa de nuestra ignorancia y ego.

Hijos, las religiones enseñan que Dios habita en el corazón, que Dios y el hombre son esencialmente de la misma naturaleza, y que Dios creó al hombre a su imagen. Muchos pueden preguntarse por qué, si ese es el caso, no son capaces de saborear la dicha de su presencia.

Es cierto que nuestra naturaleza es divina, pero Él permanece oculto a nosotros a causa de nuestra ignorancia y ego. Por eso sufrimos y padecemos dolor. En realidad, todas las religiones muestran el camino por el que el hombre puede alcanzar su naturaleza innata, dichosa.

Por tanto, la falta de comprensión de la esencia real de las religiones, nos lleva a rituales y costumbres externos. Suponed que hay miel en distintos tarros. ¿Qué razón hay para prestar atención al color y forma de los tarros y no saborear la dulzura de la miel? Hoy en día somos así. En lugar de asimilar los principios evocados por las religiones nos dejamos atrapar por sus aspectos superficiales. 

Amma recuerda una historia. Un hombre decidió celebrar su cincuenta aniversario a lo grande. Hizo invitaciones en papel de calidad. Renovó su casa pintándola y decorándola y compró una lámpara que colgaba en medio del salón. 

Compró ropa cara, un anillo de diamantes y una cadena de oro para lucir en su cumpleaños. También contrató al mejor chef de la ciudad para que cocinara un fastuoso banquete.

Finalmente llegó el gran día. Vestido con su traje de diseño, su anillo de diamantes y cadena de oro, se dirigió al salón para recibir a sus invitados. El banquete estaba preparado, los camareros uniformados esperaban listos para servir.

Anocheció y nadie llegaba. El hombre se angustió. De pronto vio el paquete de invitaciones sobre la mesa. En las prisas por renovar su casa y alrededores había olvidado por completo enviar las invitaciones.

De este modo muchos de nosotros nos dejamos atrapar por las trivialidades de nuestra vida diaria y olvidamos el verdadero objetivo de la vida. Por eso, no vivimos la paz y felicidad verdaderas. Los que están sumergidos en los rituales y pompa externas de las religiones, tienen difícil asimilar la esencia de las mismas y experimentar la presencia de Dios.

Quien corta la hierba del césped solo ve la hierba, pero el que cosecha plantas medicinales toma nota de las raras plantas medicinales que crecen entre el césped. Del mismo modo, debemos aprender a absorber los principios cardinales de la religión y no dar mucha importancia a temas no esenciales.

En realidad, nada está separado de Dios. Él es nuestra verdadera naturaleza. Vemos el mundo con nuestros ojos, pero no vemos nuestros propios ojos. Nuestra visión está normalmente enfocada en el mundo externo, si la volvemos al interior podremos ver la Verdad Suprema brillando luminosa en nuestro interior. De otro modo, continuaremos buscando la felicidad y la paz en el mundo externo como el venado que persigue ciegamente el olor del almizcle sin darse cuenta que la fragancia emana de su propio cuerpo.

Hijos, esforcémonos en comprender la esencia interior de la religión y de los principios espirituales tras los rituales y fiestas. Intentemos practicarlos porque solo así podremos tener la experiencia de la presencia de Dios en nuestras vidas.