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Al final, solo hay amor

El amor no es algo que pueda ser enseñado por alguien o aprendido en algún lugar. Pero en la presencia de un maestro perfecto podemos sentirlo y en su momento desarrollarlo.

Hijos, la devoción es un recuerdo constante e intacto de Dios. Tomar como ejemplo a las gopis de Vrindavan, que no podían  pasar ni un momento sin pensar en Krishna. En la cocina etiquetaban condimentos como  pimentón o cilantro con nombres del Señor.   

Si necesitaban pimentón pedían Mukunda. Cuando sacaban cilantro pensaban que tenían a Govinda entre las manos.  De modo que hicieran lo que hicieran sus mentes estaban ocupadas con el recuerdo de Dios. Finalmente sentían la omnipresencia del Señor Krishna.  

Cuando el amor de Dios llena el corazón, todas las tendencias y deseos latentes que solían ocupar el corazón se debilitan y las impurezas mentales desaparecen. En este estado de devoción, el devoto solo desea a Dios. Ninguna otra cosa es importante. El devoto acepta la alegría y el pesar como prasad divino y permanece contento incluso en la pobreza.

Un rey fue a cazar al bosque. Mientras cazaba animales se perdió  y quedó separado de su séquito.  Llovía mucho y el rey se caló hasta los huesos. Deambuló mucho tiempo hasta quedar exhausto. 

Al anochecer vio un antiguo templo de Krishna y una cabaña cercana.  El rey se acercó a la cabaña. Un viejo sacerdote y su esposa vivían allí. Viendo a un descocido calado y chorreando le ofrecieron una toalla limpia. Cuando el rey se secó le ofrecieron comida. El rey pasó la noche en la cabaña.

Al amanecer, el séquito y soldados del rey, que habían estado buscándole toda la noche, llegaron a la cabaña. Al despedirse de la pareja, el rey ordenó que se dieran al sacerdote cien monedas de oro. El anciano declinó la oferta cortésmente y dijo: “No necesitamos nada. El Señor cuida de nosotros. Nos da todo lo que necesitamos.

El rey sorprendido dijo: “Ustedes dos son ancianos. ¿Qué pasa si caen enfermos? Permitan que mande construir una casa para ustedes. También enviaré a alguien que los ayude.”

De nuevo la pareja objetó: “Nunca pensamos en la enfermedad.  El Señor Dhanvantari (Señor de la medicina) siempre está con nosotros protegiéndonos”  Aunque eran pobres, los rostros de la pareja de ancianos brillaban con fe y contentamiento.

La simplicidad y el auto sacrificio están naturalmente en un verdadero devoto. Él no piensa en su seguridad ni en sus intereses personales. Él recibe todo lo que la vida le ofrece, alegrías y penas, dificultades y ganancias como prasad de Dios. No tiene resentimientos, quejas u objeciones, solo fe inquebrantable y amor.

El amor no es algo que pueda ser enseñado por alguien ni aprendido en algún lugar. Pero en la presencia de un maestro perfecto podemos sentirlo y en su momento desarrollarlo, porque un Satguru crea las circunstancias necesarias  para que el amor crezca en nosotros.

Estas circunstancias creadas por el Guru serán tan bellas e inolvidables que verdaderamente mantendremos esos momentos como algo precioso y sin precio. Ellas permanecerán para siempre como una dulce memoria.

Un incidente de esta clase creará  una gran onda de amor en nosotros. Más incidentes como este  creados por el Guru crearán una cadena de memorias vivificantes  que producirán ondas y más ondas de amor dentro de nosotros, hasta que al fin solo haya amor. A través de estas circunstancias el Guru nos robará el corazón y el alma, llenándonos de amor puro e inocente.