Amma dirigió oraciones para que la luz del amor y el altruismo disiparan la oscuridad del egoísmo, el odio y el conflicto que cubren el mundo.
Amma compartió que, aunque los conflictos y los disturbios están aumentando en el mundo actual, hay acciones profundas pero sencillas que cada uno de nosotros puede llevar a cabo para restaurar la paz y la felicidad. Las celebraciones del Amritavarsham 72 tuvieron lugar en Amritapuri el 27 de septiembre de 2025.
Durante 65 años, Amma ha escuchado el dolor de sus hijos, sus pequeñas alegrías, sus quejas y sus lamentos. Amma conoce íntimamente la profundidad de sus penas y el dolor que se esconde tras sus lágrimas.
Aunque no podamos abandonar por completo nuestros viejos malos hábitos, al menos debemos intentarlo. Deben nacer en nosotros nuevos hábitos que ayuden a nuestro crecimiento interior y beneficien a la sociedad. Ese es el verdadero cumpleaños. De esta manera, seguirán teniendo lugar innumerables nuevos nacimientos de bondad.
Cuando esos árboles de virtud florezcan dentro de nosotros, los colores y la fragancia de sus flores se esparcirán por todas partes. Nos traerán una alegría ilimitada, tanto a nosotros como a los demás. Esa es la verdadera celebración del cumpleaños.
El cambio interior conlleva el cambio exterior
Amma sabe que cambiar no es fácil. Pero la oscuridad se extiende por todas partes y la ansiedad por el futuro va en aumento. En tal situación, cada individuo debe convertirse en un pequeño árbol de bondad. De lo contrario, el mundo no cambiará.
Todo en la creación es una maravilla. Y la mayor maravilla de todas es el ser humano. Esto se debe a que la humanidad tiene un don único: la capacidad de pensar profundamente, de discernir el bien del mal y de actuar en consecuencia. Cuando este sentido del discernimiento se despierta, entonces amanece un nuevo día. Con ello, se produce un cambio en la actitud interior de cada uno. Automáticamente se produce un cambio en el mundo exterior.
No hay nada malo en el mundo. Los únicos problemas son los creados por la perspectiva distorsionada de la humanidad. Los seres humanos están haciendo un mal uso de su capacidad de pensar y elegir. En el mundo hay dos tipos de leyes: las leyes creadas por el hombre y las leyes del universo.
El orden supremo del universo
Al igual que las leyes creadas por el hombre tienen una estructura particular, el universo también tiene su propio ritmo y orden. Las leyes humanas pueden modificarse. Pero las sutiles leyes del universo no pueden alterarse. Nadie puede cambiarlas jamás.
Nadie puede escapar a las leyes de Dios. Ninguna ley creada por el hombre puede anularlas. Por ejemplo, si alguien declara: «No creo en la ley de la gravedad» y salta desde el décimo piso de un edificio, ¿puede romper la ley de la gravedad? Nunca. En cambio, se romperá los brazos y las piernas.
Hoy en día, actuamos solo dentro del marco de las leyes humanas y gubernamentales. Por supuesto, esas leyes son necesarias. Pero a menudo violamos las grandes leyes universales que rigen tanto a la humanidad como a todos los seres. En la vida mundana, las reglas y las distinciones son necesarias. Pero la actitud de «la Tierra y la naturaleza nos pertenecen solo a los seres humanos; viviremos como queramos y haremos lo que nos plazca» es errónea.
Debemos vivir según nuestras palabras
Por un lado, celebramos conferencias y debates en todo el mundo contra la guerra, la desigualdad y la injusticia. Proclamamos en voz alta la necesidad de proteger el medio ambiente, cooperar, lograr la armonía entre las religiones y la paz. Redactamos acuerdos y tratados. Sin embargo, las mismas acciones contra las que protestamos y prometemos detener continúan sin cesar.
Por un lado, alabamos nuestra pequeña tierra de Kerala, llamándola «la tierra de Dios», «la tierra de la alfabetización», «la tierra de la cultura», etc. Anunciamos estas cosas al mundo. Pero parece como si Dios hubiera abandonado esta tierra hace mucho tiempo, porque hemos perdido nuestro sentido del dharma.
Ya sea de día o de noche, las mujeres y las niñas siguen sin poder caminar solas sin miedo. La oración constante de Amma es: «Oh, Señor, al menos hoy, que no tenga que oír hablar de ninguna atrocidad o crueldad cometida contra mujeres o niñas». Sin embargo, esta oración sigue siendo solo un sueño. Por ello, no podemos culpar a Dios.
No podemos esperar que Dios lo haga todo al cien por cien. De hecho, la gente apenas le da a Dios ningún espacio en sus vidas. Para muchos, la actitud es: «Si después de todo lo demás me queda tiempo e interés, entonces quizá Dios». Dejemos a Dios a un lado por un momento. Supongamos que lo que realmente cuenta es el esfuerzo humano. Incluso entonces, ¿estamos actuando cuando deberíamos, de la manera correcta, con sinceridad y dedicación?
La razón principal por la que los seres humanos no actúan de acuerdo con el dharma es la falta de valores espirituales en la sociedad. Las personas creen que pueden vivir como les plazca, ahogando sus vidas en el alcohol y otros malos hábitos. Así, desperdician toda su vida.
Comunidades en comunión
La sociedad solía funcionar según valores espirituales básicos. Antiguamente, uno podía obtener valores y una sensación de seguridad de la propia familia. Todo el pueblo también vivía como una gran familia.
En el pueblo de Amma, todas las casas estaban muy cerca unas de otras. Cuando mirabas desde tu casa, veías directamente la casa de al lado. En aquellos días, las cajas de cerillas eran escasas. Por la mañana temprano, cada persona comprobaba si alguien más había encendido su estufa.
Si alguien ya lo había hecho, la siguiente persona encendía su estufa con ese fuego. El vecino de esa persona venía entonces y encendía su estufa con ese fuego. De esta manera, todos encendían sus estufas con el fuego de la casa de la persona siguiente.
Hoy en día, muchos barren sus casas y tiran los residuos al otro lado de la pared, al patio de su vecino. Antes, la mayoría de las casas tenían un cartel de «Bienvenido» en la entrada. Ahora ha sido sustituido por «Cuidado con el perro».
Cinco objetivos para la educación
Si tenemos valores, seremos capaces de controlar en gran medida nuestras emociones básicas. La educación desempeña un papel fundamental en la mejora tanto del individuo como de la sociedad. Aunque hoy en día hemos logrado grandes avances en materia de educación, los valores de la sociedad están en declive. El divorcio, la depresión, el suicidio, el asesinato y la adicción a las drogas están en aumento.
La educación debe cumplir cinco objetivos:
1. Medios de subsistencia: debe proporcionarnos los conocimientos y la formación necesarios para obtener riqueza, posición social y las comodidades y necesidades de la vida.
2. Formación del carácter: al igual que se da importancia a la salud física, se debe dar la misma importancia al cultivo de un buen carácter. La educación debe ayudarnos a desarrollar una mente sana, madurez emocional y discernimiento.
3. Amor y gratitud: la educación debe enseñar a los estudiantes a amar, respetar y sentir gratitud hacia la naturaleza y hacia Dios.
4. Deber hacia la sociedad y el mundo: se debe inspirar a los estudiantes no solo a cuidar de sus propias familias, sino también a cumplir con su responsabilidad y saldar sus deudas con la sociedad, la nación, el mundo y la propia naturaleza. Debemos recordar que la naturaleza nos bendice con alimentos, refugio, luz solar, lluvia, montañas, bosques, ríos, árboles, flores y frutos. La educación debe motivarnos a realizar servicios sociales y acciones desinteresadas de acuerdo con nuestra capacidad.
5. Conciencia del yo: La educación debe despertar la conciencia de nuestra verdadera esencia: que no somos individuos separados o aislados, sino parte del universo mismo. Debe inculcar el conocimiento de que «así como el agua en medio del océano y en las olas de la orilla son esencialmente lo mismo, yo también soy una ola entre las innumerables olas del gran océano del cosmos».
La educación y los valores son uno
En resumen, la educación debe proporcionar la fuerza necesaria para afrontar los retos de la vida, fomentar el poder del pensamiento, despertar la curiosidad, refinar el carácter y desarrollar la compasión por los demás. Hoy en día se habla a menudo de «educación basada en valores».
En realidad, la educación y los valores no son dos cosas separadas. Son uno, como la semilla de sésamo y su aceite. Necesitamos tanto la educación para ganarnos la vida como la educación para la vida misma. Hay dos tipos de educación: una para ganarse la vida y otra para la vida misma.
Cuando los estudiantes estudian para convertirse en médicos, ingenieros o para dedicarse a alguna otra profesión, todo ello es para ganarse la vida. El segundo tipo de educación es para la vida misma. A esta se le debe dar la máxima prioridad.
Es esta educación la que nos proporciona una comprensión profunda de la naturaleza del mundo y sus objetos. Nos enseña a reconocer nuestras emociones y a gestionarlas. Nos permite ver las cosas en su lugar adecuado y actuar en consecuencia.
El objetivo de la educación no es crear personas que solo puedan entender el lenguaje de las máquinas. En cambio, su principal propósito debería ser impartir una cultura del corazón, una cultura basada en valores morales y espirituales. Pero, por desgracia, lo estamos olvidando.
La espiritualidad es nuestro GPS
Si transformamos nuestra actitud, podemos transformar nuestras circunstancias. La comprensión espiritual es como usar un GPS. Digamos que queremos conducir hasta la casa de un amigo, pero no estamos seguros del camino. Si usamos nuestro GPS, podemos estar seguros de que llegaremos a nuestro destino.
Si conducimos sin GPS, tendremos que seguir preguntando por el camino a desconocidos, y podríamos desviarnos. Además, estaremos estresados durante todo el trayecto. Del mismo modo, el GPS del conocimiento espiritual nos ayuda a recorrer con tranquilidad los impredecibles caminos de la vida sin perdernos.
En inglés, la palabra saṁskāra se traduce como «cultivo». En un laboratorio, un cultivo es una muestra de bacterias a la que se le proporciona el entorno ideal para que crezca. ¿Qué significa «cultivo» en este contexto? Se refiere a la creación de condiciones favorables para que las bacterias de la muestra puedan prosperar.
Del mismo modo, saṁskāra —el cultivo espiritual— nos proporciona el entorno ideal para el crecimiento interno. Para que este crecimiento se produzca en los niños, primero debe crearse un entorno propicio en los hogares y luego en las escuelas y universidades.
Hoy en día, estamos más centrados en nuestros deseos que en nuestras necesidades. Los deseos y las necesidades son dos cosas diferentes. Debemos reconocer la diferencia entre ambos. Por ejemplo, tanto un reloj que cuesta 100 dólares como uno que cuesta 10 000 dólares mostrarán la hora correcta. Eso es todo lo que necesitamos.
Amma no quiere decir que la gente no deba llevar relojes caros. Eso depende de cada uno. Pero los deseos no tienen fin. Debemos intentar sentirnos satisfechos con lo que tenemos y encontrar la alegría en dar a los demás. Esa es la mayor riqueza que podemos alcanzar en la vida.
Paciencia, perseverancia, potencial
Debemos intentar cultivar esta cualidad de la paciencia, ya que la paciencia es la base de todo crecimiento. En los viajes por carretera, es posible que hayamos visto señales que dicen: «¡Atención! ¡Reparaciones en la carretera más adelante! Agradecemos su paciencia y cooperación». Cuando vemos estas señales, inmediatamente reducimos la velocidad y conducimos con más cuidado, independientemente de lo apurados que estemos.
Del mismo modo, cuando interactuamos con otras personas, es posible que digan cosas que nos irriten, pero en esas situaciones necesitamos paciencia. Por lo que sabemos, es posible que también estén realizando reparaciones en su mente. Al igual que somos pacientes con una persona discapacitada, debemos comprender que las personas que sienten ira también están discapacitadas de alguna manera y hay que tratarlas con paciencia.
No somos velas que dependen de otros para encenderse. Somos el sol que brilla por sí mismo. No somos gatitos indefensos, sino leones poderosos. Necesitamos desarrollar la paciencia y la perseverancia para despertar nuestro potencial interior.
El hombre ha aprendido a volar como un pájaro y a nadar como un pez, pero ha olvidado cómo caminar y vivir como un ser humano. Dondequiera que una tortuga se arrastra, deja un rastro en la arena. Del mismo modo, debemos esforzarnos por dejar la huella de buenos recuerdos antes de partir de este mundo.
Una clave sencilla
Los conflictos y los disturbios están aumentando en la sociedad. Es como una bomba guardada en cada casa que podría explotar en cualquier momento. Celebramos reuniones constantemente, pero ¿nuestros corazones se encuentran? ¿Somos capaces de encontrarnos con nuestro verdadero yo?
Los divorcios están aumentando. Las relaciones matrimoniales no se basan en el amor. Los cónyuges solo piensan en sus propios intereses egoístas. No escuchan lo que dice el otro. Escuchan según sus propias percepciones preconcebidas. ¿Cómo continuarán las relaciones familiares si no hay una comunicación real?
La clave para la verdadera armonía familiar es la paciencia. El marido y la mujer deben adaptarse mutuamente el uno al otro. No deben buscar solo su propia felicidad. Cada uno debe tener en cuenta el nivel de su pareja.
La oración de Amma
Cuando sale la luna llena, la Tierra se libera de la oscuridad de la noche. Del mismo modo, que la luz del amor y el altruismo disipe la oscuridad del egoísmo, el odio y el conflicto que cubren el mundo. Que florezca un nuevo y hermoso amanecer de bondad. Que la luz de la verdad y el dharma llene los corazones de la humanidad. Amma ofrece esta oración al Supremo: Que todo el mundo se llene de paz y felicidad.
Tanto si reímos como si lloramos, el tiempo pasará. Por eso, debemos llenar nuestras vidas de risas. Como cualquier otra decisión, la felicidad también es una decisión. Es la firme decisión de «Pase lo que pase, seré feliz. Seré valiente. No estoy solo; Dios está conmigo».
Esta confianza en nosotros mismos nos da el poder de hacer cualquier cosa que nos propongamos. Hagamos todo lo posible y recemos por la gracia divina.
॥ ॐ लोकाः समस्ताः सुखिनो भवन्तु ॥
Om Lokah Samasthah Sukhino Bhavantu
Que todos los seres, en todas partes, sean felices y libres.