Hijos, el amor es el remedio soberano para las impurezas mentales, tales como la ira o los celos. Si realmente amamos a alguien no sentiremos celos, rivalidad ni odio. No percibiremos sus carencias como tales. Si la persona que amamos no es bella, la percibiremos como bella. En cambio, si la persona que detestamos es bella, la percibiremos como fea. La mente está detrás de ambas percepciones.
Una ama de casa y su sirvienta cocinaban juntas. Mirando por la ventana, el ama de casa dijo a su sirvienta: “hay un gordo delante de la puerta. Ve a ver quién es.”
La sirvienta fue a ver quién era y regresó diciendo: “Señora, ¿sabe quién está delante de la puerta? Es su hijo mayor, el que se marchó hace diez años.”
Al oír eso, la mujer corrió afuera, abrazó al joven y dijo: “hijo querido, ¿cuándo has vuelto? ¿Por qué estás tan delgado? ¿No estás comiendo bien?”
La misma persona que la mujer había considerado gorda cuando era un extraño para ella, la vio como delgada cuando reconoció en ella a su hijo. Cuando despierta el amor, la fealdad se torna en belleza. Mediante el amor podemos superar emociones tales como los celos o el resentimiento.
Albergar ira hacia otra persona es como suicidarse, porque el resentimiento y los celos matan células en el cuerpo. Al mismo tiempo, cuando amamos a otros, nuestra mente se expande y se libera de impurezas. Las buenas cualidades y la felicidad iluminan de modo natural un corazón puro.
Para nosotros es natural sentir simpatía cuando vemos a alguien en una silla de ruedas. Una persona que no puede controlar su mente es como un discapacitado. Lo único es que su discapacidad no es visible exteriormente. Lo mismo que sentimos pena por el discapacitado, debemos sentirla por los que albergan sentimientos hostiles y celos. Quizá nuestro amor y simpatía puedan producir en ellos una transformación.
El amor y la vida no son dos, sino uno. El amor y la vida son como una palabra y su significado, no es posible separarlos. Una vida sin la dulzura del amor es como un desierto. Por tanto, debemos despertar el amor en nuestra vida y mediante ello podremos ayudar a mantener la unidad y la prosperidad, no solo en nuestra vida, también en la sociedad.
En el período de tiempo infinito, cada una de nuestras vidas es como una pequeña burbuja que puede explotar en cualquier momento. Nuestro próximo suspiro puede ser el último. Incluso el momento siguiente no está en nuestras manos. No perdamos tiempo en conflictos interpersonales insignificantes, intentemos hacer el mayor bien posible.
La fragancia de una flor solo viaja en la dirección del viento. Pero la fragancia del amor y del servicio altruista viaja en todas las direcciones. Puede que no podamos ayudar a todos los que necesitan ayuda, pero si empezamos a considerar las necesidades de los que nos rodean por encima de nuestras necesidades, esta compasión creará una cadena de reacción. Cuando esta compasión se extienda por el mundo, habrá más paz y armonía.