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Vive para el prójimo. Libérate

La esencia de la espiritualidad radica en poner a los demás por delante de uno mismo, en lugar de estar preocupado por el “yo” y lo “mío”, y así alcanzar un corazón más expansivo. Uno comienza a ver los problemas de los demás y a sentir su dolor como propio.

Hijos, la espiritualidad es la ciencia de la vida. Mediante el conocimiento espiritual, podemos afrontar cada situación con la actitud correcta, ganar fuerza para superar los retos, las crisis y las debilidades. No basta con aprender muchos principios espirituales, dar las gracias, o aconsejar a otros.

Los principios deber formar parte de nuestra vida, deben reflejarse en nuestras acciones, en la forma de mirar a los otros, en la de caminar, en cómo nos sentamos, en nuestro comportamiento. Todos ellos deben reflejar nuestro conocimiento espiritual.

Los estudiantes se preparan para examinarse en un lugar y fecha determinados. Pero la prueba que califica verdaderamente a un estudiante está en cómo actúa en un examen por sorpresa. 

Amma recuerda una historia.  Un grupo de estudiantes había completado su educación en una Gurukula. Para obtener el certificado tenían que pasar un examen más dirigido por el Guru.  En el camino hacia la ermita del Guru para hacer el último examen, los estudiantes debían atravesar un estrecho sendero lleno de espinas.

Alguno de los estudiantes maldijo su suerte y pasó sobre las espinas. Otros se mantuvieron a la orilla del sendero, cuidando de no pisarlas. Pero un estudiante humilde dijo a los otros: “Estas espinas pueden pinchar los pies de quienes pasen por aquí. Aún es de día, pero pronto se pondrá el sol. En cuando oscurezca, será difícil evitar las espinas. Si todos trabajamos unidos, podemos limpiar el sendero de espinas en un momento.

Ninguno quiso ayudar. “El examen empezará pronto. Si llegamos tarde el Guru puede molestarse. Tenemos que llegar a su ermita enseguida”. Y diciendo esto, los estudiantes se marcharon.

Aquel único discípulo se dispuso a recoger las espinas y arrojarlas fuera del camino. No paró ni cuando las espinas se clavaron en sus manos. Tan pronto como terminó con la última espina, sintió que alguien le alzaba por los hombros. Era el Guru.

Abrazando afectuosamente al discípulo, dijo: “Yo fui quién desperdigó las espinas en este sendero para probaros a todos. ¡Tú eres el único estudiante que ha aprobado este examen!

¿Cuál es la esencia de esta historia?  A los otros estudiantes les interesaban más las preguntas que el Guru pudiera hacerles y sus respuestas. Su aprendizaje no había iluminado sus vidas. Pero este discípulo había transformado su vida con el conocimiento adquirido.

 El núcleo de la espiritualidad reside en poner a los demás por delante de uno mismo, en lugar de preocuparse con el “Yo” y “Mío”. Lo que abre el corazón, es empezar a ver los problemas de los otros y sentir su dolor antes que los propios.

En verdad, quitar las espinas del sendero de otro es realmente como sembrar flores nuestro propio sendero. No es necesario pavimentar nuestra senda con flores, la naturaleza se encarga de ello. Un buen discípulo no responde con palabras a las preguntas del Guru, las responde viviéndolas. Así se disiparán las tendencias negativas y egoístas.

Solo podremos encontrar la verdad interior cuando la concha externa del ego se abra. Una vez que encontremos el verdadero “Yo”, veremos el Ser en todo. De este modo se realizará nuestra vida.